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¿Nuestro Cuerpo Está Hecho a Imagen de Dios?

En la mayor parte de la historia de la iglesia poca controversia ha rodeado a la naturaleza de la imagen de Dios.[1] Tradicionalmente, el alma o la parte espiritual del hombre han servido como punto focal de la imagen de Dios. Sin embargo, recientemente muchos no tienen este entendimiento. Algunos ven al hombre creado como la imagen de Dios: semejante a Él en el cuerpo físico. man_landscapeBruce Waltke, por ejemplo, sugiere que esa imagen se refiere a los seres humanos como una unidad psicosomática (una unidad de cuerpo y mente) que “funciona para expresar, no para representar” a Dios. En esencia, el hombre está hecho como imagen de Dios en lugar de la imagen de Dios. Además, basándose en paralelos de “imagen” y “semejanza” en las estelas (monumentos de piedra de reyes del Antiguo Cercano Oriente) él aboga por la imagen de Dios como la vice-regencia del hombre en la tierra para gobernar la creación en lugar de Dios.[2]

El valor y la dignidad del hombre se extienden más allá de su naturaleza física a algo interno

Sin embargo, esta visión moderna presenta problemas. Si la naturaleza física del hombre o su función en la tierra constituye la imagen de Dios, entonces una deformidad o discapacidad impediría que la imagen se realizara. De hecho, al morir el hombre dejaría de ser portador de la imagen.

El valor y la dignidad del hombre se extienden más allá de su naturaleza física a algo interno: su aspecto espiritual. En términos del Nuevo Testamento, es la renovación de la imagen de Dios a través del Evangelio la que establece que ser portador de la imagen es algo espiritual; como algo que se encuentra en el ser del hombre, no en su función. Pablo exhortó a que mientras que el aspecto físico del creyente regresar al polvo, el aspecto espiritual se renueva cada día (2 Corintios 4:16).

La comprensión tradicional de la imagen de Dios no devalúa al cuerpo

Aunque rechazamos los puntos de vista recientes que dicen que el cuerpo es parte de la imagen de Dios, la comprensión tradicional de la imagen de Dios no devalúa al cuerpo. Debido a que el espíritu del hombre lleva la imagen de Dios, el cuerpo de hombre se convierte en un tipo de templo que alberga la imagen de Dios, así como el Espíritu Santo que reside con nuestro espíritu hace que el cuerpo de un cristiano sea el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). En consecuencia, las Escrituras hablan de nuestros cuerpos como instrumentos de justicia (Romanos 6:12-13); hablan de dar muerte a las obras de la carne que es dominada por el pecado (Romanos 8:13) y de presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo y santo (Romanos 12:1). La imagen de Dios eleva el cuerpo sobre toda la creación terrenal.

Pero una cosa en la que probablemente todos coincidimos es en que los seres humanos fueron creados para ser seres encarnados, con un cuerpo que sirve como una envoltura para el espíritu (Daniel 7:15). Este fue el diseño de Dios. Dios tomó polvo del suelo, formó el cuerpo humano y sopló en la nariz del hombre el aliento de vida y el hombre se convirtió en un “ser viviente” (Génesis 2:7). Como un ser físico, se le mandó a procrear y gobernar sobre la naturaleza física (Génesis 1:28). Sin embargo, a causa del pecado, el proceso se ha puesto en reversa: el cuerpo retorna a la tierra de la cual vino (Génesis 3:19; Eclesiastés 3:20, 12:7a) y el espíritu vuelve a Dios quien lo dio (Eclesiastés 3:21, 12:7b).

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David Casas es Presidente del Colegio Bíblico Berea y profesor del Antiguo Testamento en la Universidad Luther Rice en Atlanta, Georgia; actualmente trabaja en su PhD en Southern Baptist Theological Seminary (Seminario teológico bautista del sur). Su investigación se centra en el imago Dei en teología del Antiguo Testamento.

Dr. Russell Fuller, co-autor con Kyoungwon Choi de Invitation to Biblical Hebrew (Invitación al hebreo bíblico) es profesor del Antiguo Testamento en Southern Baptist Theological Seminary (Seminario teológico bautista del sur).

[1] Con poca variación, los padres de la iglesia, así como los rabinos talmúdicos, estarían de acuerdo con Novatian que escribió: “[El hombre] fue hecho a imagen de Dios, a quien Él [Dios] le impartió mente, razón y previsión, para que él pudiera imitar a Dios; y aunque los primeros elementos de su cuerpo fueron terrenales, la sustancia fue inspirada por un soplo celestial y divino.” Novatian,”A Treatise of Novatian concerning the Trinity” (Un tratado de Novatian con respecto a la Trinidad), en The Ante-Nicene Fathers (los Padres Ante-nicenos), vol. 5, Fathers of the Third Century: Hippolytus, Cyprian, Novatian, Appendix, ed. (Padres del tercer siglo: Hipólito, Cipriano, Novatian, apéndice, ed.) A. Roberts, J. Donaldson y A. C. Coxe, trad. R. E. Wallis (Buffalo, Nueva York: Christian Literature Company 1886), p. 612.

[2] Bruce Waltke, Genesis: A Commentary (Génesis: un comentario) (Grand Rapids: Zondervan), págs. 65-66.

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